Acá estamos. La tormenta pasó y éste barco sigue su rumbo, todo roto, sin velas ni mástil pero, que más da? Seguimos en pie como siempre. Con heridas, más roto de lo normal... y eso me preocupa. Últimamente nuestros naufragios son más duros, más largos, más tristes... más difíciles de sobrepasar pero nunca imposibles. Nunca imposibles.
Después de todo, la marea siempre me pegó de frente y supe romper olas. Siempre. Romper. Siempre. Adelante.
Y nunca para atrás, aunque mi corazón me delate y pase las noches más largas y atormentadoras de los últimos tiempos. Nunca atrás. Hay que respetar la decisión de los demás.
Y si hay algo de lo que estoy orgulloso, es que siempre camino para adelante, mirando de frente, nunca para abajo.
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Mmh..